Rosalía Martín Experta Patrimonial
Última actualización: 2026-09-11
Probablemente esta mañana miles de ejidenses se hayan levantado sin saber que hoy es el Día del Municipio. Habrán llevado a sus hijos al colegio, abierto sus negocios, entrado a trabajar en una oficina, en un almacén, en un comercio o en un invernadero. Las calles tendrán el movimiento habitual de cualquier viernes de septiembre y, para la inmensa mayoría, será exactamente eso: un día más.
Pero hoy no es un día cualquiera.
Hoy El Ejido cumple 44 años como municipio.
Y quizá resulte curioso que una fecha que debería tener un significado especial haya terminado pasando casi desapercibida para buena parte de la población.
La conmemoración institucional continúa. El Ayuntamiento celebra su acto oficial, entrega reconocimientos a personas, entidades y empresas que han contribuido al desarrollo del municipio y mantiene viva la fecha. Está bien que así sea. Pero quizá haya llegado el momento de preguntarnos si una celebración como esta puede quedarse únicamente dentro de un auditorio.
Porque el Día del Municipio no debería pertenecer solo a la institución. Debería pertenecer también a la gente que vive en él. Porque una identidad también se construye.
El Ejido tiene, además, una particularidad extraordinaria. Es un municipio muy joven administrativamente —hoy cumple 44 años—, pero construido por personas procedentes de lugares muy distintos. El 11 de septiembre de 1982 se publicó en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto que culminaba el proceso de segregación y daba lugar a los municipios independientes de Dalías y El Ejido.
Pero aquel proceso no cayó del cielo ni fue únicamente una decisión administrativa. Hubo asociaciones vecinales, colegios, cooperativas, comunidades de regantes y colectivos de distintos núcleos que participaron, debatieron y se posicionaron. Detrás de aquella fecha hubo una sociedad que estaba creciendo, que había cambiado profundamente y que reclamaba una organización municipal acorde con esa nueva realidad.
Quizá por eso merezca la pena recuperar algo de aquel sentimiento.
Hablamos mucho de identidad, de banderas, de patriotismo y de orgullo por pertenecer a un país, a una tierra o a una comunidad. Sin embargo, a veces dedicamos mucha menos atención a la identidad más cercana, la del lugar donde vivimos y donde transcurre realmente nuestra vida.
Y en El Ejido esa reflexión tiene un significado especial.
Este municipio se levantó en muy pocas décadas con personas llegadas de muchos lugares. Primero fueron familias procedentes de otros puntos de Almería, de Granada y de distintas provincias españolas que encontraron aquí una oportunidad y ayudaron a transformar una tierra difícil en uno de los grandes motores agrícolas de Europa. Después llegaron personas de Marruecos, Rumanía, Senegal, Ecuador y de muchos otros países.
Hoy conviven aquí culturas, religiones, costumbres, acentos y orígenes distintos. Hablamos con frecuencia —y con razón— de integración y convivencia, pero quizá deberíamos hacernos también otra pregunta: ¿qué hacemos para construir aquello de lo que queremos que todos se sientan parte?
Porque sentirse parte de un lugar no nace simplemente de una ordenanza o de empadronarse en él. Se construye conociendo su historia, entendiendo de dónde viene, reconociendo sus logros, compartiendo espacios y creando recuerdos comunes.
Y también celebrando juntos algo que sea de todos.
El Día del Municipio podría ser precisamente una de esas fechas capaces de generar ese sentimiento común. No pertenece a una religión, ni a una ideología, ni a un partido político. Tampoco distingue entre quien nació aquí, quien llegó hace cuarenta años o quien acaba de empezar su vida en El Ejido.
Es simplemente el día del lugar que compartimos todos.
Desde Balerma hasta Santa María del Águila, desde Las Norias hasta Almerimar, desde San Agustín hasta Guardias Viejas, Pampanico, Matagorda o el propio núcleo de El Ejido.
Quizá ahí tengamos una oportunidad para cultivar algo que a veces echamos en falta y que no siempre resulta fácil de construir: orgullo de pueblo. No un orgullo excluyente ni basado en pensar que somos mejores que nadie, sino el orgullo tranquilo de conocer el lugar al que pertenecemos y reconocer lo que entre muchos hemos sido capaces de levantar.
Porque El Ejido tiene mucho de lo que sentirse orgulloso. En apenas unas décadas transformó radicalmente su economía y su paisaje, crecieron barrios, colegios, empresas, cooperativas, instalaciones deportivas y servicios, y miles de familias encontraron aquí una forma de prosperar.
También hemos cometido errores. Hemos vivido momentos difíciles y seguimos teniendo problemas importantes que resolver. Eso forma parte igualmente de nuestra historia. Un pueblo no necesita esconder sus dificultades para sentirse orgulloso de sí mismo. También la capacidad de reconocerlas, aprender y continuar avanzando forma parte de una identidad madura.
Lo importante sería conseguir algo muy sencillo: que un niño que hoy vaya al colegio sepa que su municipio cumple años; que una persona que llegó desde otro país descubra por qué este día tiene significado en el lugar donde ha decidido vivir; que nuestros mayores puedan contar cómo era aquel El Ejido que empezaba a crecer; que colegios, asociaciones, comercios y distintos núcleos participen de alguna manera en una celebración compartida.
No hacen falta grandes fastos. Quizá baste con conseguir que durante unos días se hable de nuestra historia, que haya actividades en los núcleos, que los colegios la cuenten, que nuestras calles recuerden que está pasando algo y que la conmemoración salga del ámbito institucional para convertirse también en una celebración ciudadana.
Porque las identidades colectivas no aparecen solas. Se construyen poco a poco, con historias, símbolos, recuerdos y experiencias compartidas.
Y por eso me da cierta pena pensar que esta noche miles de personas terminarán el día sin haber sabido que hoy El Ejido estaba de cumpleaños.
Tenemos procedencias distintas, pensamos diferente, hablamos con distintos acentos y seguramente imaginamos de formas muy diversas cómo debería ser el futuro de este municipio. Pero hay algo que compartimos todos: este es el lugar donde vivimos, donde trabajamos, donde crecen nuestros hijos y donde muchos hemos construido buena parte de nuestra vida.
En un municipio tan diverso como el nuestro, quizá recuperar y compartir de verdad el Día del Municipio sea una bonita forma de recordarnos que, por encima de nuestras diferencias, también existe algo que podemos sentir como propio.
Hoy, 11 de septiembre, El Ejido cumple 44 años.
Feliz Día del Municipio.
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